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Jesús Sosa Lozado

Jesús Sosa Lozado es artista visual, educador comunitario, cuidador y acompañante de procesos espirituales comunitarios. Guía experiencias individuales y colectivas de regeneración y justicia sensorial principalmente con identidades afrodescendientes, racializadas, LGBTIQA+ y disidencias.

Sus ejes de trabajo son: ⁠los procesos de curación colectiva frente a las secuelas sensoriales, emocionales y espirituales del trauma racial y colonial; ⁠la recuperación y descolonización de nuestros sentidos; ⁠la exploración y creación de pedagogías artístico-espirituales para la canalización de experiencias de regeneración y justicia sensorial; ⁠el diseño y la creación de atmósferas sensoriales que permitan encuentros para el ejercicio colectivo de soñar y sentir nuevas formas de justicias; ⁠la atención y regeneración de las heridas con el aprendizaje, el deseo, el misterio y la fe y ⁠el ejercicio de la ritualidad para cultivar esperanza como práctica de resistencia ancestral para sembrar futuros desde la autopreservación colectiva.

Lectura(con)

Desde la atención, no desde el entendimiento 15.10.24

Lectura(con) Jesús Sosa Lozada

Mi práctica está centrada en la unión de dos mundos: mis prácticas espirituales ancestrales y mi práctica artística, específicamente todo lo relacionado al acompañamiento a través del bordado ritual. Al trabajar con personas racializadas, afrodescendientes y disidencias, puedo reconocer un desequilibrio fundamental—nuestros cuerpos en esta sociedad son siempre cuerpos que brindan, trabajan, proveen, pero rara vez son receptores.

El acompañamiento para mí es brindar una experiencia que no es común en las memorias individuales y colectivas de las personas y comunidades con las que trabajo. Me interesa qué puede abrirse a nivel creativo, emocional, sensorial y espiritual cuando salimos del mismo rol en el que estamos y cuando nos permitimos ser sostenides, acogides en nuestras contradicciones, en nuestras dudas, nuestras incertidumbres y dolores.

Jesús lee a Victoria Santa Cruz "ritmo el eterno organizador" durante un taller en la sala de lectura, mayo de 2022. Foto: Martín del Pozo

Estos espacios de caos, confusión y contradicción (espacios cotidianos para identidades históricamente atravesadas por la opresión) son espacios que en nuestros cuerpos muchas veces se reducen a la soledad, al aislamiento, a la individualidad. También reconozco que por contextos estructurales, no es que la mayoría de nuestras comunidades tenga acceso para pagar una terapia o tener un espacio de contención. Entonces, frente a ello, aunque no soy psicólogo, mi práctica reúne un conjunto de elementos que previamente he trabajado conmigo mismo y que es algo a lo que le llamo pedagogías artístico-espirituales.

Estas pedagogías nacen de un proceso de más de dos años que por decisión propia decidí aislarme en El Valle Sagrado de los Incas (Cusco) y empezar a conectar con nuevas formas de aprendizaje que sean disruptivas frente a los paradigmas coloniales. No es como leo algo, acumulo la información, la proceso y ya, sino es cómo a través de la ritualidad, de la experiencia, de esos otros códigos que trascienden a la lógica colonial pueden desarrollarse aprendizajes.

Siento que cuando acompañamos procesos artísticos y espirituales que también están muy vinculados con nuestro quehacer político y nuestros propios procesos internos, muchas veces el acercamiento está centrado en la teorización. Nos hemos vuelto muy expertes en nombrar la opresión, en poder identificarla, reconocerla, pero no solo en la identificación queda el proceso. ¿Qué sucede con esa saturación de emociones que muchas no necesitan tener una explicación lógica o un discurso reconocer su existencia en nosotres? ¿Qué otras formas de liberación pueden ser posibles?

Foto: Martín del Pozo

Uno de los temas que me gusta abordar es cómo la violencia colonial, el trauma racial y el trauma colonial generan múltiples impactos en nuestro interior que perpetúan el adormecimiento, endurecimiento y desconexión de ciertos aspectos propios que nos conectan con el pulso vital para vivir. Nuestros cuerpos están acostumbrados a la dureza, a los procesos tan complejos y, por lo tanto, la energía de la sutileza, de la suavidad son experiencias que nuestros sistemas nerviosos muy pocas veces reconocen.

Esto se refleja aspectos tan cotidianos como cuántas veces estamos trabajando y tenemos ganas de ir al baño y hasta que no sentimos que nuestro cuerpo va a colapsar, no vamos. Los cuerpos atravesados por el trauma tienen tendencia a la contención y a la represión, y por lo tanto eso afecta cómo nos relacionamos con nosotres mismes y con nuestras colectividades. El conflicto y la incomodidad muchas veces solo son percibidos cuando llegan a un punto de hartazgo, debilitando el vínculo con nosotres mismes y nuestras colectividades.

Por eso trabajo mucho con lo que llamo la justicia sensorial o la justicia interna. ¿Qué tan desconectades estamos de eso? ¿Qué tanto las formas de justicia que buscamos y construimos colectivamente las hacemos a través de prácticas que son injustas con nosotres mismes? Reconociendo que las formas desde las cuales se obtiene justicia en este mundo son formas violentas hacia nuestros cuerpos y buscan la reparación a través del castigo.

Foto: Martín del Pozo

Trabajo mucho con el bordado como esa posibilidad de ir construyendo a partir de los puntos—poco a poco a través de una acción mecánica. Lo mecánico por la colonialidad tiene una memoria de trauma muy fuerte en nosotres, pero el bordado te propone algo mecánico que no es generador de un trauma, sino que nos ayuda a comprender que incluso el punto más pequeño constituye una forma.

Me interesa lo que está delante del bastidor, pero también la parte posterior del bastidor, que es una radiografía sensorial de cómo bordamos. ¿Qué es lo que hay detrás de cada punto bordado? ¿Cómo muchas veces construimos cosas maravillosas, pero a costa de un conjunto de nudos internos por no poder procesarlas?

Enseño técnicas de bordado, pero promuevo mucho la posibilidad de bordados abstractos. ¿De qué manera podemos expresar más allá de los conceptos? ¿Cómo eso puede ser una acción de resistencia? Puedo expresarme desde lugares en los cuales no tenga que justificar quién soy, desde lugares distintos a lo conceptual, abriendo caminos a lo abstracto como un acto de justicia para cuerpos que aprendimos a ser expertos en teorizar nuestras experiencias de opresión como mecanismo de supervivencia.

Cuando he estado brindando estos espacios, una de invitaciones es a habitar nuestras sensaciones, permitiéndonos habitar esa incomodidad que es necesaria y que muchas veces buscamos escapar de ella teorizando sobre lo que nos pasa. Hay una ausencia de herramientas colectivas para poder expresarnos más allá de los conceptos.

No estoy buscando que cada quien me hable un paper de su identidad, porque también esos condicionamientos de asociar nuestra identidad a algo teórico son un reflejo del impacto del trauma racial que constantemente nos lleva a reafirmarnos en el mundo desde ciertos lugares. ¿Cuán valioso puede ser para nuestros sistemas nerviosos estar en un espacio donde no tengamos que justificar nuestra existencia? ¿Donde no sintamos la obligación de estar teorizando ni encontrando por qué sucedieron ciertas cosas asociadas al trauma racial, sino poder sentirlas y poder vivir una memoria en la cual podamos transitar estas emociones confusas, dolorosas, siendo sostenides?

Foto: Martín del Pozo

El primer taller que realicé en sala de lectura fue un espacio para la sanación y desidentificación del trauma racial. Este espacio no trataba de seguir escarbando en la teorización de las estructuras y los impactos del sistema colonial capitalista, sino de cómo se traslada esto en sensaciones y cómo eso distorsiona nuestra autopercepción, haciéndonos vivir desconectades y/o desde la hiperproductividad.

Invitamos a una práctica de bordado a lo largo de dos sesiones. Empezamos con un proceso ritual de trabajo de respiración y ejercicios somáticos, para aperturar la conexión ritual ancestral de matriz africana y negra. A partir de ese trabajo sensorial, hubo un proceso de leer y sentipensar colectivamente respecto al libro "Ritmo del Eterno Organizador" de Victoria Santa Cruz. El proceso alternaba entre leer, expresar y bordar simultáneamente.

Las participantes bordaban sobre fotografías de la infancia, trabajando con dolores de infancia producto del trauma racial que en esa época no podían ser teorizados. Ahora ya contamos con herramientas para identificar y teorizar al respecto, pero ¿realmente a nuestras niñas esa teorización les hubiera servido de algo? Necesitamos encontrar otras formas de reparar y sanar las secuelas del trauma racial en nuestras vidas, más allá de hacer una teoría al respecto.

Estoy muy convencido que un acto de responsabilidad es abrir un espacio que pueda cerrarse. Siento que algunas veces hay mucha prevalencia de procesos que se abren sin cerrarse. He estado hablando mucho de esto estas últimas semanas porque he estado en distintos espacios que han invitado a disidencias a ritualizar y trabajar, y era claro para mí—sé que es un tema muy delicado, pero no necesariamente conocer estos procesos da herramientas para todo lo que implica sostener a un colectivo.

Es como generar un espacio para que se abran cosas, pero si no tengo contenedores para cualquier proceso de crisis, reconociendo que nuestros cuerpos frente a mínimas aperturas pueden desbordarse... ¿De qué manera se pueden construir espacios responsables? Si voy a abrir ciertos temas, debo poder sostener un silencio acumulado que cuando se libera, no solo se libera desde la palabra sino también desde el sistema nervioso, el campo sensorial, contemplando una gran posibilidad de reflejos desbordantes en quienes experimentan estos procesos de liberación.

No necesariamente un mejor proceso es aquel que abre más cosas, porque también siento que eso es un reflejo del colonialismo en nosotres—el extraer como si fuera una mina de oro nuestros dolores y buscar las grandes realizaciones cuando lo que nuestros campos sensoriales necesitan, las justicias que necesitan, no van desde el entendimiento sino desde la atención y el cuidado.

Foto: Martín del Pozo

Muchas veces cuando uno trabaja con espacios e instituciones, surge la interrogante "¿de qué manera camuflo lo que hago dentro de los intereses que proponen estos espacios?" y eso es un ejercicio muy desgastante. Pero con sala de lectura, siento esa libertad de proponer cosas, y sobre todo de una forma personal muy específica, como incorporar la práctica ritual y espiritual dentro de estos procesos de exploración y creación artística para fortalecer nuestro tejido colectivo.

Los espacios que he desarrollado en sala de lectura han sido con seis o siete personas máximo, lo que permitió llegar a que cada persona sienta que está en un proceso colectivo pero que también va a recibir un acompañamiento individual. Encontrar ese balance es bien complejo y se necesitan condiciones muy específicas de tiempo y número de personas—elementos tan básicos para que la persona pueda sentir ese balance tan común entre las necesidades individuales y colectivas.

Foto: Martín del Pozo

Estoy desarrollando un programa de sesiones rituales de bordado al que he nombrado "Círculo de Trenzado Emocional y Bordado Ritual entre Personas Negras para la Regeneración del Vínculo con Nuestra Negritud". Este espacio propone explorar colectivamente otros lugares de acercamiento a nuestras negritudes desde aspectos más sensoriales, enfocados en la justicia sensorial.

Dentro de mi estudio, abordo tres fases: la reforestación (¿qué símbolos sembrados por la colonialidad nos impiden habitar nuestra negritud desde otros lugares distintos a la opresion y cómo podemos desinstalarlos?), el compostaje (¿qué emociones no procesadas producto del trauma colonial necesitan transformación en nuestro interior?), y la fertilización (exploraciones sensoriales y el estudio de los sentidos a través de la sutileza).

Quiero trabajar con personas afrodescendientes del Abya Yala y la Diáspora Africana, reconociendo la urgencia de espacios de acompañamiento que no sean desde la psicología sino desde un lugar ritual, espiritual, ancestral y artístico.